sábado, 18 de marzo de 2017

De redes sociales y mierdas varias.

Bueno a ver, en algo tengo que verter mi frustración, total no me voy a pasar el día haciéndome gayolas.
Si has vuelto aquí, es porque eres masoca o porque te has pasado con las drogas, no tengo nada en contra de ninguna de esas cosas. Pero deberías buscar un profesional que te ayude y no venirme con tus problemas mentales, ya tengo bastante con que hayas regresado, como para tener que escuchar que tu madre te dio de mamar de espaldas porque la eutanasia infantil estaba mal vista. Hazle un favor al mundo y no cometas los errores de tus padres (adoptivos).
Hoy me he levantado con ganas de salir de casa y de hacer cosas productivas, pero al ponerme de pie, me acordé que salir de un lugar en el que estás encerrado por orden judicial no es tan fácil como decirlo. Por lo que me volví a dormir, que de todas formas es más productivo que vender drogas en la puerta del geriátrico, no te preocupes, no se lo diré a nadie, puedes seguir haciéndolo, total nadie se va a fijar en un gordo calvo, con una sudadera manchada de grasa llamando a los viejos desde el otro lado de la verja del asilo, o vendes drogas o te prostituyes… por favor que sea lo primero, no me apetece que me den arcadas a estas horas de la mañana.
Lo dicho, que como no podía salir me he tirado el rato en Facebook. ¿Qué? Que odie a la gente no quiere decir que no sea usuario de las redes sociales, a fin de cuentas, cómo iba a odiaros si no sé hasta dónde puede llegar la mediocridad de vuestras infectas vidas, además me divierte. Gente discutiendo por temas irrisorios, cabreándose, incluso, por haberle dicho que la foto que se ha puesto de perfil podría estar sacada de un cuadro de Dalí, era un selfie, supongo que de un elefante con joroba. A mí que me había hecho ilusión ver un poco de cultura.
¿Tan jodido es aceptar una crítica negativa? A ver, que no es que le importes a alguien, es que encima te quieres hacer una persona interesante poniendo fotografías torcidas de los platos que te comes. Primero, no engañas a nadie, eso son menús precocinados del Mercadona; segundo, no por girar la cámara va a parecer que ese plato, en el que entra una cantidad de comida que podría alimentar a una familia estadounidense durante una semana, no te lo vas a comer entero tú, todos sabemos que es tu ración, no la fuente de servir (aunque tu plato sea una fuente de servir) y tercero, no le importa a nadie.
Los deditos arriba, los like, los corazones, o la mierda que ponga la red social en la que hayas puesto esa fotografía con tantos filtros que ya no se sabe si es una fotografía o una Drag Queen en el carnaval de Canarias, sólo son para alimentar tu ego (el estómago ya vemos que lo mantienes bien cebado) y retroalimentar el ego de quien te ha puesto un comentario (positivo, siempre son positivos) dándole a me gusta a esa fotografía cagando en comuna mientras hace que sujeta la Torre de Pizza, porque es muy original. Y si te haces el guay poniendo la foto de las poses de la gente para hacer que sujetan la susodicha torre… tampoco lo eres, vas de inteligente y de diferente, pero tu mierda es igual de grande que la de los demás e igual de apestosa, pero al menos ellos se divierten. Sácate el palo del culo, que la madera no pita en los detectores de los aeropuertos y no te van a hacer ese examen rectal que andas buscando para sentir el contacto humano que nadie te quiere dar porque eres igual de insufrible que las canciones de Mecano y tan deprimente como las de Maná.
Pero alégrate, no eres quien más asco da de la fauna de las redes sociales, quiero decir, cada uno tiene sus parafilias, la tuya con la comida se llama sitofilia, por cierto. Confieso que quienes más me logran aborrecer y asombrar, más o lo primero, claro. Son quienes cuentan cada detalle de su vida, por insignificante que esta sea, como si cada cosa que les pasara, cada pensamiento fútil que tuvieran fuera el evento más importante que haya sucedido nunca, y que por cojones te ha de interesar. No me puedo explicar, de ninguna forma, cómo alguien es capaz de soltar una verborrea infinita, sobre un pensamiento intrascendente que le pasaba por la cabeza mientras se tiraba pedos en su mano para luego olerlos mientras se la cascaba. Vuelvo a decir, que allá cada uno con sus parafilias, pero me intoxiques con tus flatulencias cerebrales.
No me interesa tu vida, ni lo que comes, ni lo que piensas, vuelve a tu madriguera a intentar engañar a otro porque sabes, tan bien como yo, que las cuentas de quienes te siguen son tuyas, que ni siquiera las moscas, por mucho que te untes de mierda, se te acercan, que, por otra parte, también es la razón por la que no se te acerca la gente.
Por cierto, ahora que lo menciono, voy a ver unos vídeos…

sábado, 11 de marzo de 2017

Pon aquí un título.

Esta no es la primera vez que tengo un blog, pero sí que es la primera que lo creo para escribir lo que me salga de los cojones. ¡Ah!, no te gusta mi lenguaje, no me importa, estás aquí porque quieres, yo no te lo he pedido. Es más, ni siquiera quiero que me leas, si sigues aquí es porque te pasas por los huevos lo que te digo. Vale tú mismo, pero te advierto de que no voy a ser más agradable contigo por el hecho de que me estés leyendo, no me importas, dale las gracias a mi misantropía, yo lo hago todos los días.
Ahora querrás saber por qué, si no me gustas, si no me importas y si me tira del nabo que estés aquí, he creado un blog. Eso es porque además de que te he dicho que no me leas y sigues aquí, tampoco prestas atención a lo que escribo, ya te lo he dicho, porque me sale de los cojones hacerlo.
¿De qué trata este blog? Ah, buena pregunta… No, no lo es, es una vez más porque no me estás prestando atención, joder, te he dicho que de lo que me salga de los cojones, no sé para qué me esfuerzo, si vas a seguir leyendo y haciendo preguntas para las que ya te he dado respuesta, y mira que es simple y hasta concisa.
He tenido más blogs, ¿sabes? Hace muchos años, seguro que aún andan por ahí. Uno de ellos se llamaba desOrdenados, iba de informática, quería aportar algo poner mi granito de arena, ayudar a la gente y poder sacar provecho de mis conocimientos instruyendo a gente que no tenía la oportunidad de formarse o que simplemente tenía dudas sobre temas en los que yo podía aportar soluciones. No funcionó, dejé de escribir en él y dejó de importarme que la gente no supiera las cosas. Si no me importas como persona, como para importarme que carezcas de conocimientos para encender el ordenador (búscalo en el manual, no me hagas perder el tiempo).
Y alguno que otro, todos muertos, olvidados, abandonados a su suerte en el mundo digital de Internet, lo único que me apena, es que el tiempo que invertí en ellos podría haberme estado haciendo pajas, hubiera sido más satisfactorio.
Por cierto, ahora que las menciono, ya nos vemos en otra ocasión.

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