Bueno a ver, en algo tengo que verter mi frustración, total
no me voy a pasar el día haciéndome gayolas.
Si has vuelto aquí, es porque eres masoca o porque te has
pasado con las drogas, no tengo nada en contra de ninguna de esas cosas. Pero
deberías buscar un profesional que te ayude y no venirme con tus problemas
mentales, ya tengo bastante con que hayas regresado, como para tener que
escuchar que tu madre te dio de mamar de espaldas porque la eutanasia infantil
estaba mal vista. Hazle un favor al mundo y no cometas los errores de tus
padres (adoptivos).
Hoy me he levantado con ganas de salir de casa y de hacer
cosas productivas, pero al ponerme de pie, me acordé que salir de un lugar en
el que estás encerrado por orden judicial no es tan fácil como decirlo. Por lo
que me volví a dormir, que de todas formas es más productivo que vender drogas
en la puerta del geriátrico, no te preocupes, no se lo diré a nadie, puedes
seguir haciéndolo, total nadie se va a fijar en un gordo calvo, con una
sudadera manchada de grasa llamando a los viejos desde el otro lado de la verja
del asilo, o vendes drogas o te prostituyes… por favor que sea lo primero, no
me apetece que me den arcadas a estas horas de la mañana.
Lo dicho, que como no podía salir me he tirado el rato en
Facebook. ¿Qué? Que odie a la gente no quiere decir que no sea usuario de las
redes sociales, a fin de cuentas, cómo iba a odiaros si no sé hasta dónde puede
llegar la mediocridad de vuestras infectas vidas, además me divierte. Gente
discutiendo por temas irrisorios, cabreándose, incluso, por haberle dicho que
la foto que se ha puesto de perfil podría estar sacada de un cuadro de Dalí,
era un selfie, supongo que de un elefante con joroba. A mí que me había hecho
ilusión ver un poco de cultura.
¿Tan jodido es aceptar una crítica negativa? A ver, que no
es que le importes a alguien, es que encima te quieres hacer una persona
interesante poniendo fotografías torcidas de los platos que te comes. Primero,
no engañas a nadie, eso son menús precocinados del Mercadona; segundo, no por
girar la cámara va a parecer que ese plato, en el que entra una cantidad de
comida que podría alimentar a una familia estadounidense durante una semana, no
te lo vas a comer entero tú, todos sabemos que es tu ración, no la fuente de
servir (aunque tu plato sea una fuente de servir) y tercero, no le importa a
nadie.
Los deditos arriba, los like, los corazones, o la mierda que
ponga la red social en la que hayas puesto esa fotografía con tantos filtros
que ya no se sabe si es una fotografía o una Drag Queen en el carnaval de
Canarias, sólo son para alimentar tu ego (el estómago ya vemos que lo mantienes
bien cebado) y retroalimentar el ego de quien te ha puesto un comentario
(positivo, siempre son positivos) dándole a me gusta a esa fotografía cagando
en comuna mientras hace que sujeta la Torre de Pizza, porque es muy original. Y
si te haces el guay poniendo la foto de las poses de la gente para hacer que
sujetan la susodicha torre… tampoco lo eres, vas de inteligente y de diferente,
pero tu mierda es igual de grande que la de los demás e igual de apestosa, pero
al menos ellos se divierten. Sácate el palo del culo, que la madera no pita en
los detectores de los aeropuertos y no te van a hacer ese examen rectal que
andas buscando para sentir el contacto humano que nadie te quiere dar porque
eres igual de insufrible que las canciones de Mecano y tan deprimente como las
de Maná.
Pero alégrate, no eres quien más asco da de la fauna de las
redes sociales, quiero decir, cada uno tiene sus parafilias, la tuya con la
comida se llama sitofilia, por cierto. Confieso que quienes más me logran
aborrecer y asombrar, más o lo primero, claro. Son quienes cuentan cada detalle
de su vida, por insignificante que esta sea, como si cada cosa que les pasara,
cada pensamiento fútil que tuvieran fuera el evento más importante que haya
sucedido nunca, y que por cojones te ha de interesar. No me puedo explicar, de
ninguna forma, cómo alguien es capaz de soltar una verborrea infinita, sobre un
pensamiento intrascendente que le pasaba por la cabeza mientras se tiraba pedos
en su mano para luego olerlos mientras se la cascaba. Vuelvo a decir, que allá
cada uno con sus parafilias, pero me intoxiques con tus flatulencias
cerebrales.
No me interesa tu vida, ni lo que comes, ni lo que piensas,
vuelve a tu madriguera a intentar engañar a otro porque sabes, tan bien como
yo, que las cuentas de quienes te siguen son tuyas, que ni siquiera las moscas,
por mucho que te untes de mierda, se te acercan, que, por otra parte, también
es la razón por la que no se te acerca la gente.
Por cierto, ahora que lo menciono, voy a ver unos vídeos…